Símbolo del siglo XVIII en Portugal, el Barroco se desmarcó de otros países, a raíz de un exotismo original. Beneficiado por el apogeo económico de la época, palacios, iglesias y monasterios se llenaron de movimiento y color.
En Porto, se hallan algunos de los más significativos monumentos barrocos, que merecen ser visitados, como la Torre de los Clérigos y la Iglesia de San Francisco.
Hacia el norte, en los alrededores de Braga, capital eclesiástica del país, el Santuario de Bom Jesús y el Monasterio de Tibães deben igualmente ser visitados.
De camino al Douro, le sugerimos un viaje inolvidable.
Suba el río en barco y deslúmbrese con las cuestas de sus márgenes surcadas por viñas en bancales escalonados. Al llegar a Peso da Régua, visite el Solar do Vinho do Porto y pruebe el famoso caldo.
Cerca de Vila Real, la Casa de Mateus, palacio mundialmente conocido por figurar en el rótulo del vino Mateus Rosé, espera su visita.
El trabajo en granito del Santuario de N.ª Sr.ª dos Remedios en lamego y el contraste entre la sobriedad cisterciense y la explosión de movimiento y color del retablo del Monasterio de Tarouca, en los alrededores, quedarán grabados en su memoria.