En Lagos todo parece invitar a ir a la playa y a los placeres sencillos. Pero también tiene una historia de navegantes, piratas y esclavos. Históricamente asociada al mar, se llamaba Lacóbriga cuando aquí vivían los celtas, unos 2.000 años a.C.Y nunca más el mar dejó de ser su principal razón de existir. Base de operaciones de la exploración portuguesa de la costa de África en el siglo XV, aquí equipó el Infante D. Henrique las carabelas que abrirían el camino a los Descubrimientos.
De Lagos partió Gil Eanes, el navegante que finalmente demostró que el Mundo no terminaba en el Cabo Bojador y que el mar no estaba habitado por monstruos. Desde aquí también salió el rey D. Sebastião para la batalla de Alcácer-Quibir, quien nunca más volvería. Portugal perdió así su independencia a favor de Felipe II de España, en una monarquía dual que duraría hasta 1640. Este pueblo quedó siempre a la espera de que su rey volviera en una mañana de niebla. El sentimiento de esperanza en un salvador quedó grabado en el alma portuguesa, llamado "sebastianísmo".
En la plaza Gil Eanes, el escultor Cutileiro moldeó ejemplarmente la imagen de este rey joven e imprudente, dándole una mirada alucinada y vacía.Pero la Historia no sólo trata de las hazañas y reveses de los héroes.
En Lagos se formó el primer mercado de esclavos de Europa, en la casa de los soportales (Plaza del Infante D. Henrique), hoy centro de interés cultural con exposiciones y venta de artesanía.
Si quiere saber más sobre los Grandes Descubrimientos, dé un salto al núcleo museológico dedicado a los Descubrimientos Portugueses, instalado en el interior de la Fortaleza de Ponta da Bandeira, desde donde podrá también apreciar un bello panorama de la ciudad y el mar.
Lagos conserva su antiguo cosmopolitismo y la vieja complicidad con el mar, y sus playas enmarcadas por peñascos son de las más bonitas del Algarve.