Riegue y sazone como es debido sus paseos y haga una pausa de vez en cuando en uno de los excelentes restaurantes o tabernas que se despliegan por toda la región.
En Serpa, Évora y Niza no se olvide de degustar los quesos con denominación de origen protegida, cada uno con características propias, pero todos irresistibles al olfato y al paladar. Pase por las queserías de cada zona y llévese a casa estos regalos.
Mientras se pasea por el Alentejo descubra también la ruta del aceite de oliva, que empieza a dibujarse de norte a sur de la región. Incluya en su trayecto una visita a Moura, para ver de cerca el Lagar de Varas do Fojo y aprenda como se hacía el aceite en otros tiempos, con este importante testimonio de la tecnología tradicional.
Para los golosos, la repostería conventual alentejana hace pecar al más cándido de los seres. Dulces preparados a base de huevos y almendra y a veces endulzados con miel, piérdase por los "morgados" de Évora, las "trouxas de huevo" de Beja o por la "sericaia" de Elvas y Vila Viçosa.
En el equipaje, a su vuelta, no se olvide de incluir los aromas y sabores tan típicos del Alentejo: recoja un puñado de orégano y lleve a casa un ramo de romero para dar a su cocina el auténtico toque alentejano.