El Parque Natural del suroeste Alentejano es el guardián de la belleza salvaje de las playas del Alentejo. Anidadas entre acantilados o extendiéndose en amplios arenales, que invitan a dar largos paseos, son ideales para un descanso reparador.
De camino a la playa encontrará pequeños restaurantes donde comer pescado, situados en pueblitos que se miran en el mar, como Porto Covo, pintoresca aldea de pescadores, que nos recibe en una bonita plaza rodeada de casas bajas. La playa es muy acogedora y en su pequeño puerto, donde balancean coloridos barcos, podrá pedir a un pescador que le lleve a la isla de Pessegueiro, curioso islote que el rey Felipe II de España( I de Portugal) pensó unir al continente.
De ese sueño real podrá ver las ruinas de dos fortines, uno en la isla y otro en la costa.
Si además prefiere un sitio con ambiente, vaya hasta Vila Nova de Milfontes, en la desembocadura del río Mira. Puede elegir entre la playa oceánica o las del río, o dar un paseo en canoa por sus márgenes.
Muy distinta es la pequeña playa de Zambujeira, ceñida entre bellos acantilados, donde podrá recorrer los senderos que utilizan los pescadores y descubrir la Fuente de los Amores.