Tras haberse beneficiado de las propiedades curativas de las aguas, que ya en la época eran muy demandadas por la población local, la reina mandó construir el hospital en 1485, el más antiguo hospital termal del mundo. La ciudad se desarrolló en torno al mismo y ha sido siempre muy procurada por los reyes y la aristocracia portuguesa, adquiriendo su auge en el siglo XIX, cuando los balnearios estaban de moda.
Hoy todavía muy solicitada para estos fines, Caldas da Rainha tiene otros muchos atractivos: desde luego el Parque Termal, fresco y frondoso, donde se encuentran estupendos museos, como el de José Malhoa, con buena pintura naturista y realista, de éste y otros pintores portugueses de los siglos XIX y XX.
La abundancia de arcilla en la región dio origen a la proliferación de fábricas de cerámica, industria que continuó su desarrollo hasta hoy, siendo internacionalmente conocida la cerámica figurativa y satírica de Caldas. Pero con Rafael Bordalo Pinheiro, ceramista y caricaturista del siglo XIX, quién fundó aquí una fábrica, la cerámica local adquirió más notoriedad. Una buena colección de su obra figura en el Museo de Cerámica.
Con mención especial a algunas iglesias de la ciudad, como la de Nuestra Señora del Pópulo, Caldas da Rainha no sólo merece una visita a su centro histórico, sino también a sus alrededores, en los que hay que destacar la villa turística de Óbidos y las excelentes playas.