Despertar todavía de noche para meterse en un cesto de junco, levantado por un globo hacia el cielo del Alentejo, es una experiencia extraordinaria, mientras los primeros rayos de sol desvelan la planicie: kilómetros y kilómetros en los que se pierde la vista se van llenando de pinceladas de color.
Esta práctica empezó en el país por tierras alentejanas, siendo la región elegida como la mejor para su puesta en marcha, gracias a las extensas planicies que facilitan la maniobra de despegue y aterrizaje.
Lejos de ser un deporte radical, el globo es posiblemente la forma más segura de volar. Durante el vuelo la sensación es de paz, pero aún así con su dosis de aventura: en las alturas, no existen rutas definidas, ya que se está a merced del viento y los segundos que anteceden al aterrizaje son suficientes para acelerar el ritmo cardiaco, incluso de los más intrépidos.
Puede estimular todavía más la experiencia: en vuelo cautivo, arriesgue la bajada en "slide", deslizándose con la ayuda de una polea por el cabo que sujeta el globo a la superficie, y sienta subir su adrenalina tras la relajación que el viaje en globo le proporcionó.
En cuanto a equipamiento se refiere, no es necesario mucho más que valor y ganas de volar. Pero, de cualquier forma, lo mejor es no olvidarse de la cámara fotográfica, porque una vez allá arriba querrá guardar para siempre esta imagen del Alentejo.