Ya en el siglo XIV, D. Fernando, rey de Portugal, pasaba aquí temporadas que le aliviaban una dolencia pulmonar.
Alta, inmensa e imponente, las poderosas torres elevándose como símbolo de defensa de la fe y del territorio, la Catedral indica los caminos del centro histórico de Guarda. Si en el exterior le deslumbrará la inspiración del diseño y la decoración gótica, en el interior le espera la sorpresa de la impresionante altura de las naves y un enorme retablo totalmente esculpido en piedra, obra prima surgida de las manos del gran Maestro João de Ruão. Alrededor del monumento late el corazón de la ciudad protegido por murallas, puertas y torres medievales que llegaron a nosotros casi intactas.
Haga una pausa para tomar un café bajo las arcadas quinientistas de la gran plaza junto a la Catedral antes de recorrer sus calles estrechas donde se observan gárgolas que se inclinan desde los aleros, se trazan ventanas góticas, se perfilan palacios de granito.
Siga los pasos del hombre medieval pasando bajo los poderosos arcos de las puertas medievales y suba a las torres para disfrutar de las amplias y grandiosas vistas que es extienden hasta España.
Incluya en su paseo el barrio de la Judería junto a las murallas, reminiscencia de una comunidad judía de la Edad Media, que dejó en la piedra de las casas las marcas de sus símbolos religiosos.