Situada en un valle en Arraiolos - ciudad mundialmente reconocida por sus tapices - surge la Pousada, ejemplo de la perfecta armonía entre los conceptos tradicionales y modernos de la arquitectura portuguesa y feliz ejemplo de la adaptación de la austeridad de un convento del siglo XVI a las actuales exigencias de confort.
Más hacia el interior, nos encontramos con Crato. La mística del antiguo monasterio medieval de la Orden de Malta se percibe en cada rincón. La Pousada Flor da Rosa ha sabido potenciar las características más genuinas del monumento y las pone de manifiesto con una intervención arquitectónica que, a pesar de su modernidad, respeta íntegramente sus orígenes.
Baje hasta Évora donde, en pleno centro histórico, se encuentra el magnífico Convento dos Lóios. Pernoctar en la Pousada dos Lóios equivale al privilegio de vivir la historia en cada piedra, en cada objeto, incluso en las sencillas celdas de los monjes, hoy convertidas en habitaciones.
Muy cerca, en el Real Convento das Chagas de Cristo, en Vila Viçosa, se construyó la Pousada D. João IV. Muy característica por sus laberínticas habitaciones temáticas, basadas en leyendas y cuentos, esta Pousada recuperó totalmente las sucesivas y superpuestas construcciones de celdas, retiros y oratorios mandados construir por las religiosas que ocupaban el convento. Las recetas conventuales constituyen un menú de raros sabores.
Al sur, en el antiguo convento franciscano del siglo XIII nació la Pousada de S. Francisco. Situada en pleno centro histórico de la ciudad alentejana de Beja invita al descanso del cuerpo y al sosiego del alma.