La región con denominación de origen más antigua es también una de las más impresionantes y bellas de recorrer. De los frutos de la tierra y del trabajo del hombre se hizo el vino y un paisaje único que la UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad.
El río hizo la primera obra cavando en la tierra los valles profundos. El hombre transformó las montañas de pizarra en tierra y muros y plantó allí la viña, verde en verano, del color del fuego en otoño. Con una sabiduría heredada de generaciones, inclinó las terrazas de cultivo para que los rayos de sol abracen las vides y den a las uvas el calor que todo el buen vino necesita.
Pare en las fincas abiertas a los turistas y pruebe los vinos del Douro, entre la tradición, el afecto y la cordialidad de quien le recibe.
Una copa de vino de Porto, antes de la comida, y un tinto o un blanco para acompañarla. Trescientos años después de que el Marqués de Pombal decretase la declaración de la primera zona vinatera del mundo con denominación de origen, los vinos del Alto Douro alcanzan el primer lugar en los concursos internacionales. Y saben aun mejor en la tierra que los produce.
Puede escoger viajar por tierra, agua o aire. Y, si lo prefiere, en trenes históricos encabezados por locomotoras de vapor, compartiendo con otros viajeros el buen humor, rodeados del paisaje que se refleja en las aguas.