Por ello la UNESCO declaró en 1893, Patrimonio de la Humanidad este admirable conjunto, que refleja varios ciclos del arte e historia de Occidente.
Todo empezó cuando D. Afonso Henriques, nuestro primer rey, donó las tierras circundantes a Tomar a la Orden del Temple, como recompensa por su ayuda en la conquista de territorio a los moros. Se cuenta que, al llegar a este lugar, Gualdim Pais, Mestre de la Orden en Portugal, sabía que estaba sobre el paralelo equidistante de la frontera norte/sur del futuro territorio portugués. Aquí se inscribía también el ángulo preciso que unía la Tierra al signo templario en los cielos: la constelación Géminis.
Corría el año 1160 cuando el Mestre inició la construcción del castillo y ordenó poblar la región. Así nació la ciudad de Tomar.El castillo está unido a la rotonda de los Templarios, iglesia octogonal, joya de arquitectura sagrada construida de acuerdo con el modelo del templo edificado por Constantino sobre el Santo Sepulcro, en Jerusalén.
Con la extinción de la Orden del Temple en 1314, por Felipe, el Bello, rey de Francia, los Templarios encontraron en Portugal la continuidad de su misión, por deseo del rey D.
Dinis que, con el permiso de la Santa Sede, fundó en 1319 la Milicia de los Caballeros de Cristo, que integró los bienes y privilegios de la extinta Orden. Los brazos curvilíneos de la cruz templaria fueron modificados por líneas rectas. Con ella estampada en las velas de las carabelas, los Caballeros de Cristo irían junto al Infante D. Henrique a abrir la nación portuguesa a la empresa de los Descubrimientos marítimos de los siglos XV y XVI , y llevar así a todo el Mundo la cruz de Cristo.
D. Manuel expandió entonces, simbólicamente, el monumento hacia Occidente, alcanzando el concepto arquitectónico de los descubrimientos su más elevada expresión. Como en la famosa Ventana del Cabildo, obra elocuente donde desde las profundas raíces de la tierra se eleva al cielo toda la celebración de los Descubrimientos, bajo el signo de la Cruz de Cristo. Como si el sentido universal de la misión descubridora de los portugueses encontrase aquí su más alto significado y los Caballeros hubiesen por fin descubierto su Grial.