Algunas de las iglesias, que vale la pena visitar, fueron construidas por orden de las reinas cuando tenían un hijo.
Su elegante castillo dio lugar a una "Pousada", tal vez la más romántica de Portugal.
Con casas blancas y bien conservadas, con pórticos manuelinos y ventanas floridas, las sinuosas calles dan cobijo a joyas de la arquitectura religiosa y civil, como la Iglesia de la Misericordia (siglo XV), la iglesia de San Pedro (siglo XVIII) y la Capilla de São Martinho (siglo XIV). El Palacio Real y el mismo perímetro de las murallas del castillo, desde donde se divisa el Acueducto de Aguas Livres, son igualmente visitas que no debe perderse.
Tampoco debe perderse la gastronomía local, de la que destaca la "caldeirada" de pescado de la laguna de Óbidos, acompañada por vinos de la región, con denominación de origen. Aún dentro de las murallas, se encuentran numerosos bares típicos, donde podrá tomar la bebida típica: la ginjinha.
Muy cerca de Lisboa, ésta es de las más pintorescas y más visitadas localidades del país, hoy escenario, durante todo el año, de numerosos eventos culturales y turísticos.