En las noches de verano, únase a las personas que asisten a espectáculos de animación, alrededor del gracioso quiosco de música, en el jardín junto al río. A la luz del sol, deténgase en medio del puente y contemple desde aquí las casas blancas cubiertas por los singulares tejados en "tijera" (cuatro aguas) y el montículo donde sobresalen las almenas de la alcazaba medieval, junto a las torres de las iglesias de Santa Maria y Santiago, que ocupan el área de dos antiguas mezquitas.
Cruce la puerta de la muralla, testimonio de la época medieval y sorpréndase con el bello portón renacentista de la Misericordia, una de las 37 iglesias de Tavira, y con la magnífica fachada del Palacio de la Galaria. En lo alto de la colina, la torre del alcázar es el mejor mirador de la ciudad, de sus tejados ondulantes, de la línea azul del horizonte que se dibuja en el mar.
En la iglesia de Santa Maria descansan D. Paio Peres Correia y los siete caballeros de la Orden de Santiago de que conquistaron Tavira a los Árabes en 1242.
Recorra las viejas calles, fíjese en las puertas de rejilla, recuerde las plegarias de los pescadores en la iglesia de Nuestra Señora de las Ondas. Después, cruce el río y siéntese en un restaurante de la orilla para descansar. Una vez recobradas las fuerzas, suba a la colina que queda frente a Santa Maria y visite dos iglesias más, de las 37 existentes en Tavira, San Paulo y Carmo.
Los encantos de la ciudad terminan junto al mar, en las salinas blancas y en los barcos que le llevan a una isla donde le esperan 11 km de playa.