Basta coger el tren y acompañar el estuario del Tajo, para sorprenderse con la sucesión de playas de arena dorada, tan cerca de la capital. Al final de la línea están las playas de Estoril y Cascais con bellos palacetes que nos recuerdan el tiempo en que los reyes de Portugal veraneaban aquí. A continuación, la costa gira hacia occidente. En escenarios de arena y roca no se pierda el deslumbrante espectáculo del sol que todos los días desaparece en el Atlántico.
Para conocer el arenal de más longitud de Europa no necesita ir muy lejos.
Al sur del río Tajo, sólo a media hora de Lisboa, los 30 km de arena, mar y cielo de Costa de Caparica parecen no tener fin.
Lisboa fue y es la capital del mar. En el siglo XVI partieron de las playas del Tajo las carabelas y naves que llegaron por mar a la lejana India. Quinientos años después, en el Oceanário del Parque de las Naciones, uno de los dos mayores de Europa, Lisboa se mira en los Océanos del futuro.