"Fado" viene del latín fatum, o sea, destino. Su origen es incierto. Puede haber nacido de las canciones trovadorescas, de la nostalgia de los marineros o del canto Lundum de los esclavos negros de Brasil. Empezó con ritmos y versos de características populares, en Porto y en Lisboa, y fue evolucionando, haciéndose más complejo y absorbiendo los cambios de los tiempos. Hoy es una música del mundo.
El primer registro escrito data del s. XIX y, desde entonces, fue tomando la imagen de quien lo ha cantado. Severa, fadista de barrio, lo hizo popular en los ambientes aristocráticos, por su romance con el Conde de Vimioso.
Amália Rodrigues puso voz y alma a poemas de escritores portugueses e hizo que el Fado se conociese fuera de Portugal.
Mariza, la revelación más reciente, es la continuidad de estas referencias y, al mismo tiempo, una nueva forma de cantar el fado. El sentimiento, las penas de amor, la nostalgia por alguien que ha partido, las cosas cotidianas, las conquistas. Acompañado con la guitarra por tradición, hay muchas formas de cantarlo. Puede ser de la Mouraria, "corrido", a la desgarrada o de los estudiantes de Coimbra.
En 2011, el Fado ha sido clasificado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.
Visite el Museo del Fado y de la Guitarra Portuguesa para saber más y déjese envolver por las noches de las Casas de Fados. Es un momento que no olvidará.