Un paseo dorado
Lugar: Lisboa
Foto: José Pessoa / IMC-IP
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Un paseo dorado /
El color del oro sirve de disculpa para un recorrido de tres días en el que apreciará el lujo en el arte y la arquitectura de la región de Lisboa.

El primer día está dedicado a Lisboa y comienza en Belém, donde se inició la expansión marítima de los portugueses a tierras lejanas. A su regreso trajeron riquezas que financiaron grandes obras, como el Monasterio de los Jerónimos. Ahí es donde está instalado el Museo de la Marina donde podrá ver el “Bergantín real” del siglo XVIII, verdadera joya de la construcción naval. Aprecie otras preciosidades destinadas al transporte terrestre, como el Carruaje de D. João V en el Museo Nacional de los Carruajes. Este rey fue quien ordenó la construcción del Acueducto de las Aguas Libres, cuyo tramo de 35 enormes arcos sobre el Valle de Alcántara, caracteriza el paisaje de Lisboa.

Siga hasta el Museo Nacional de Arte Antiguo. Entre muchas piezas notables destacamos el Contador Mogol, testimonio del cruce de las culturas de Oriente y de Occidente, y los refrescadores para vasos de porcelana china, pertenecientes a un conjunto único en el mundo. Le sigue la Basílica de Estrela, cuyo magnífico cimborrio sobresale en el perfil de la ciudad y después conozca la Iglesia de los Paulistas, con precioso revestimiento en talla dorada y estucos.

La Iglesia de São Roque es la próxima parada. En su interior, admire la Capilla de São João Baptista totalmente ejecutada en Italia con mármoles y piedras semipreciosas, y al lado, en el Museo de Arte Sacro, fíjese en el Relicario de São João de Brito con bajorrelieves en plata cincelada. Desde el Elevador de Santa Justa aprecie la vista sobre la Baixa Pombalina construida tras el terremoto de 1755, un ejemplo de planificación urbana con arquitectura uniforme y rectilínea. Más tarde, en el Museo Nacional del Azulejo junto a la Madre de Deus, podrá tener una idea de cómo era la ciudad anterior a este sismo, observando la “Gran Panorámica de Lisboa”, un panel de 23 metros de longitud; pero antes, visite las Iglesias del Menino Deus y de Santa Engrácia, ricas en mármoles de varios colores. Para el final del día queda la Iglesia de la Madre de Deus con excelente talla dorada y azulejos, un derroche de oro sobre azul.

La mañana siguiente visite los Jardines y Palacio de los Marqueses de Fronteira, testimonio del esplendor y refinamiento en el que vivía la nobleza en los siglos XVII y XVIII. Después, salga de la ciudad con rumbo al Palacio Nacional de Queluz. Conozca sus bellísimos interiores como la Sala del Trono con paredes revestidas de talla dorada y espejos, y pasee por los jardines embellecidos por fontanales y lagos. Prosiga camino a Mafra y dedique el resto del día al imponente conjunto arquitectónico formado por el Palacio Real, Basílica y Convento. La visita es larga y no podrá dejar de incluir los seis órganos únicos en el mundo, los dos cuerpos de campana de 112 campanas o la magnífica biblioteca.

El tercer día diríjase a Alcobaça y visite el Monasterio, patrimonio mundial. Erguido en el siglo XII en estilo gótico, sufrió diversas intervenciones posteriores patentes en la propia fachada alterada en el siglo XVIII, o en la Sacristía que guarda un tesoro artístico barroco - el Santuario y el Retablo del Tránsito de São Bernardo. Prosiga el viaje hasta Santarém. Aprecie la riqueza decorativa de los techos y de los altares de la Catedral, y en la Casa Museo Anselmo Braamcamp, admire un par de naturalezas muertas pintadas por Josefa de Óbidos. A modo de homenaje, termine el paseo en la Iglesia de Graça, que alberga el sepulcro de Pedro Álvares Cabral descubridor de Brasil, desde donde llegó el oro que propició el apogeo del barroco portugués.

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