Las ciudades tienen buenos accesos, pero también los ríos son grandes caminos a través de los macizos de piedra que atraviesan.
En Coimbra, si el centro histórico es lo primero que llama nuestra atención, también la orilla izquierda del Mondego merece una visita. Allí se sitúa Portugal dos Pequenitos, que encanta a grandes y pequeños, y las iglesias de Santa-Clara la Vieja y la Nueva, esta última escenario de una gran romería.
Aveiro, en la desembocadura del Vouga, encanta por el color de su ría y de los barcos "moliceiros", contraponiendo a los antiguos monumentos los edificios de la universidad, ejemplo de la moderna arquitectura portuguesa.
Ya en Viseu impresiona la austeridad de la piedra, como en Guarda, en donde la iglesia-fortaleza de la Catedral se yergue en el alto de un barrio que fue antigua judería.
Castelo Branco es ya el camino hacia el sur. Es centro de paisajes exuberantes y más llanos, con el Tajo casi a sus pies.
En la mejor estación de veraneo a orillas del mar del país, Figueira da Foz, Centro de Portugal ofrece una cara muy distinta del recato de sus pueblos históricos, o el circuito de los veinte castillos de frontera, importantes plazas de armas en la época de la fundación del pays.
La gran diversidad, con ciudades de dimensiones humanas y la naturaleza por explorar son uno de los muchos alicientes del Centro de Portugal.