En el extremo oeste de Europa, la amplia costa portuguesa determinó que nos aventurásemos mar adentro. Fuimos los primeros en llegar a la India, a Brasil y a Japón.
La memoria de esos tiempos se refleja en el estilo manuelino de algunos de los más emblemáticos monumentos portugueses. Visite el monasterio de Batalha, o Tomar y la célebre Ventana del Convento de Cristo y comprobará en la piedra nuestra relación con el mar.
Memoria que se mantiene, como se puede observar en el Parque de las Naciones, donde tuvo lugar la última exposición mundial del siglo XX, bajo el tema de los Océanos. Ahí podrá admirar parte de la arquitectura contemporánea portuguesa, donde destacan nombres como Álvaro Siza o Souto Moura.
También los azulejos, que forran paredes del norte al sur de Portugal, son una nota singular de nuestra arquitectura. Si viaja en metro, no deje de observar la decoración, a veces dominante, de azulejos firmados por nuestros artistas contemporáneos.
Pero el mar marcó también nuestra forma de ser. A veces nos dejamos invadir por una nostalgia melancólica y quedamos a merced de una emoción que no sabemos explicar. Es la "saudade", que cantamos en un fado, como cantamos la alegría cuando estamos contentos. Pero nos distingue.
¿A propósito, ha oído cantar a Mariza o a Madredeus? Cantan como nadie el alma portuguesa y por ello también nos distinguen. Venga a conocernos y ¡sorpréndase!