Por ese motivo, la UNESCO lo designó como Patrimonio de la Humanidad. En el pórtico orientado hacia el Tajo, joya de la escultura portuguesa del siglo XV, fíjese en la dulce expresión de Nuestra Señora de Belén, patrona de los hombres del mar. En el centro, la figura emblemática del Infante D. Henrique, el Navegante, empuña una espada.
En el pórtico occidental, vea cómo era D. Manuel I. Dicen que el escultor Nicolau de Chanterenne le hizo un verdadero retrato.
Entre en la iglesia más perfecta de Portugal y una de las más bellas de toda Europa. Déjese seducir por este espacio sublime, sustentado por finos pilares decorados con delicados arabescos que parecen dejar suspendida del cielo la inmensa bóveda.
Hace 500 años había en este lugar una modesta capilla donde venían a rezar los navegantes que partían y llegaban del mar. D. Manuel la transformó en este monumento admirable, himno a su gloria eterna y ofrecimiento a la Virgen de Belén, por el éxito del viaje de Vasco de Gama a la India.
Aquí se guarda la memoria de los grandes hombres que hicieron los Descubrimientos: Luís de Camões, que los glorificó en el poema épico "Os Lusíadas", Vasco de Gama descubridor del camino por mar hacia la India y los sepulcros de D. Manuel y sus descendientes.
En el bellísimo claustro real, un pequeño monumento simbólico custodia a quien fue el poeta portugués universal del siglo XX, Fernando Pessoa.