El mar siempre a nuestro alcance, ejerce una atracción irresistible y ofrece a quienes visitan el archipiélago momentos de ocio inolvidables. El sol está siempre presente a lo largo de todo el año.
Por su paisaje de relieve accidentado, que termina en escarpados acantilados, el acceso al mar se hace a través de pontones. El mar es tranquilo y cristalino y hace las delicias de los amantes de la naturaleza.
En la Marina de Funchal, en el centro de la ciudad, quien lo quiera, tiene a su disposición la oportunidad de practicar varios deportes, como vela, ski acuático, jet ski, parasailing etc.
Si busca sensaciones fuertes, las aguas de Madeira son estupendas a estos fines.
Las costas de Jardim do Mar y Paul do Mar poseen condiciones excelentes que permiten la práctica de surf, con olas para todos los gustos.
La isla ofrece buenas condiciones para quienes desean disfrutar del sol y nadar, ya que casi todos los hoteles cuentan con buenísimas piscinas, la mayoría de agua salada. No puede dejar de probar las famosas piscinas naturales de Porto Moniz, encajadas en la roca.
Otra forma de gozar de este mar tan azul es haciendo un crucero alrededor de la costa, paseo fascinante de un día de duración, en el que podrá broncearse, nadar y pescar.
Vista desde el mar, Madeira es una isla diferente y más bonita si cabe.