A medida que se sube a través de la arboleda de la Sierra de São Mamede, va surgiendo más nítido el relieve del poderoso castillo y de los muros de la fortaleza.
El pequeño convento gótico de Nuestra Señora da Estrela y una bella picota de mármol constituyen el primer encuentro con el patrimonio de Marvão. Al seguir subiendo, la villa se va dando a conocer. En las pequeñas calles y rincones pintorescos, en las ventanas góticas, en los graciosos balcones de hierro forjado, en las fachadas del Renacimiento, como en la Iglesia del Espíritu Santo o góticos, de sobrio granito, como en Iglesia de Santiago, en los escudos y esferas armilares de Don Manuel I, en el Ayuntamiento.
En la Iglesia de Santa María convertida en museo, piezas de arqueología ayudan a interpretar la historia de esta región a la que la riqueza natural atrajo desde siempre a diversos pueblos.
Finalmente se llega al Castillo donde nos vemos recompensados por una vista que los adjetivos bello, amplio y límpido no consiguen describir.
Pero esta espléndida localidad tiene otro significado en la Historia de Portugal. Las rocas casi inaccesibles convirtieron a esta Plaza en la "más inconquistable de todo el Reino", que a lo largo del tiempo se fue adaptando a las nuevas técnicas de guerra. Desde su conquista en 1116 por D. Alfonso II hasta las guerras de la Restauración de la Independencia entre Portugal y España en el siglo XVII, para finalmente ser lo que es hoy: un lugar de paz y belleza.