Vaya a la conquista de la torre que, con 40m de altura, obliga a subir una veintena de escalones en caracol. Es un esfuerzo que vale la pena. Se hará una idea definitiva de la belleza de la urbe y de un inmenso Alentejo hasta donde la vista alcance.
Baje después al centro histórico y piérdase en las estrechas calles para descubrir algunos tesoros, como la Catedral manierista y barroca, la Iglesia Matriz de Santa Maria, el núcleo visigótico de la Iglesia de Santo Amaro y, detenidamente, el Museo Reina Doña Leonor, en el Convento de la Concepción. Aquí le espera una riquísima colección arqueológica de azulejos y arte religioso.
Déjese deslumbrar también por el esplendor arquitectónico de este convento, que le hará sentir estar en una tierra de amores inmortales, como el que vivió Sor Mariana de Alcoforado, la monja enamorada de las "Cartas Portuguesas".
Es el libro ideal para leer en la blanca tranquilidad de Beja, tal vez en la Plaza de la República, dominada por la picota, la renacentista Iglesia de la Misericordia y una atractiva manzana de edificios manuelinos, tras haber disfrutado de una comida en un restaurante alentejano. A los postres, saboree las sutilezas de la afamada repostería conventual.