Deje su mirada vagar hasta lo alto de la colina, donde en el siglo XIV se levantó el Castillo de Arraiolos. Acompañe las casas hilvanadas libremente en el tejido de la cuesta, con el arroyo a sus pies. Presentirá que un aura de romanticismo desciende sobre esta villa.
En las ruinas del castillo amurallado; en la leyenda de la novia cuya boda, esperada durante años, la llevó a casarse envuelta en una alfombra; o en la de otra novia que, por infortunio, nunca llegó a casarse; en la bella casa solariega de la Siempre-Novia (de los siglos XV y XVI), cerca del pueblo, que evoca la leyenda. Y, claro, en el trabajo secular, de más de cinco siglos de generaciones de bordadoras, quienes, por amor y arte, crean alfombras de fama mundial, herencia de las artesanas árabes expulsadas de Lisboa.
Existe una veintena de productores y muchas tiendas para admirar y comprar estas obras de arte. En el edificio del ayuntamiento podrá apreciar una colección de tapices y las creaciones del pintor local Dórdio Gomes.
Y, como está en el centro de la villa, en la agradable plaza Lima de Brito, observe las sencillas casas antiguas, la picota, el Hospital do Espirito Santo, con un bello pórtico manuelino en la capilla, la cercana Iglesia de la Misericordia, orlada con azulejos, la noble Casa de los Arcos y la Iglesia matriz, gótica primero y más tarde remodelada al estilo manuelino.
A la entrada de la villa, en Vale Formoso, visite el Convento de los Lóios, hoy una "pousada", construcción del siglo XVI revestida de paneles de azulejos de un azul histórico.