Tome como pretexto para recorrer el país los sitios que la UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad.
En la naturaleza, que en Portugal es tan variada, hemos creado una obra maestra, en los majestuosos valles del Douro. Fue así como nació y se expandió por el mundo el Vino de Porto.
Hemos hecho de Sintra un lugar lleno de magia y misterio, cuya frondosa vegetación está salpicada de palacetes y jardines románticos y en la isla de Madeira hemos conservado un bosque milenario.
Del encuentro con otras culturas y del dominio de los mares nació el arte manuelino, que no verá en ningún otro lugar.
Pero en Lisboa, en el lugar que vio partir a las tripulaciones de los descubrimientos, el monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém se yerguen como su expresión más simbólica.
Pasee por los centros históricos de Guimarães, Porto, Évora o Angra do Heroísmo, llenos del encanto de las ciudades portuguesas.
Recorra en el Valle de Côa una galería de arte con 25.000 años de historia y comparta la herencia de los monjes del Cister en la abadía de Alcobaça.
Al final del viaje quedará sorprendido por el descubrimiento de una cultura mucho más profunda y rica de lo que se imaginaba.