Almeida es hoy una villa tranquila cerca de la frontera entre Portugal y España, rodeada de paisajes bucólicos y llena de encanto, donde se respira el puro aire del altiplano.
Pero desde que el rey D. Dinís la tomó por las armas en 1296 y hasta el siglo XIX, esta pacífica aldea histórica fue plaza de guerras que soportó prolongados cercos. Con sus murallas y baluartes es una de las más interesantes fortalezas del mundo, donde es palpable la técnica del "hexágono" del ingeniero militar de Luis XIV de Francia, Vauban.
Cada ángulo del polígono es un baluarte en forma de lanza y entre ellos se yerguen otros más pequeños, los revellines. De acuerdo con las tácticas de guerra de los siglos XVII y XVIII, esta configuración en estrella permitía hacer el cruce de tiro.
Desde algunos puntos podrá observar una buena parte de esta estrella irregular de 12 puntas.
En 1810, el general francés Massena cercó Almeida, que resistió valerosamente durante 17 días. Sólo capituló porque, debido a la negligencia de un soldado, el depósito de municiones explosionó, matando cerca de 500 hombres de la guarnición y destruyendo el primitivo castillo medieval. Los términos de la rendición fueron firmados en la Casa de la Guardia, en las puertas de S. Francisco, donde ahora se encuentra la Oficina de Turismo.
Aunque no sea un especialista en técnicas militares, no se pierda un original paseo por los 2.500 metros de parapetos y baluartes, siguiendo los mismos pasos de los soldados que en otros tiempos los recorrían durante el servicio de ronda.