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A lo largo de la costa en el centro de Portugal

Praia
Lugar Figueira da Foz
Foto: Turismo Centro de Portugal
Foto: Turismo Centro de Portugal

Para no perderse
  • practicar deporte en el arenal de Figueira da Foz
  • saborear pescado a la parrilla en una terraza a la orilla del mar
  • dar un paseo en un barco moliceiro por la ría de Aveiro
  • observar aves acuáticas en la Reserva Natural de las Dunas de São Jacinto
  • contemplar la llegada de los barcos pesqueros en las playas de Mira o de Vagueira
  • probar el bizcocho pão-de-ló de Ovar

Playas de largos arenales limitadas por laderas resguardadas por dunas y pinares, con arena blanca y fina y un mar agitado de un azul profundo... así es el litoral del centro de Portugal. Imágenes de gran belleza que podemos descubrir en un paseo a lo largo de la costa, desde Figueira da Foz hasta Esmoriz.

De Figueira a Mira
Alegre, llena de vida y animación, Figueira da Foz es uno de los principales destinos de veraneo. Además de por el enorme arenal en el que se puede jugar al fútbol, al voleibol y practicar un sinfín de actividades, también es conocida por el casino inaugurado a finales del siglo XIX, momento en cual la aristocracia llenaba sus elegantes salones. Hoy en día acoge muchas pruebas deportivas, desde el surf a la motonáutica, pasando por la vela y el rugby playa, pero siempre mantiene su carácter cosmopolita. Ya sea verano o invierno, la presencia de ciclistas y patinadores está garantizada en su paseo, que nos conduce a la playa de Buarcos, protegida de los vientos norte por el cabo Mondego.

Siguiendo la pista forestal, llegamos a otra playa, Quiaios, una simpática aldea de casas pequeñas. Al norte se encuentran las lagunas de Vela y de Braças, zona de picnics y de observación de aves acuáticas. Más arriba la playa de Tocha. Aquí todavía se pueden admirar las ingeniosas construcciones de los viejos pajares, con puntales de pino como base, erguidos por los pescadores con madera de los bosques de la región. Servían para guardar sus utensilios y, actualmente, muchos de ellos son casas de recreo. El dorado arenal se extiende hasta la playa de Palheirão, salvaje y casi desierta, un trozo de naturaleza intacta rodeada de pinares.

La pista forestal nos lleva a Praia de Mira, una pequeña aldea de pescadores hasta la primera mitad del siglo XX. Tanto aquí como en la playa de Vagueira, todavía se practica el arte de la xávega, mediante la cual los coloridos barcos usan la técnica tradicional de la pesca de arrastre. Actualmente se utilizan tractores para empujar las redes hasta la arena, en vez de las yuntas de bueyes que antiguamente desempeñaban esta tarea.

Cerca de Aveiro 
En la playa de Costa Nova los pintorescos pajares de madera están pintados a rayas de vistosos colores, una imagen de postal que a todo el mundo le gusta inmortalizar. La playa de Barra con su faro centenario, el más alto del país, marca el punto de encuentro de la ría con el océano, al final de una lengua de tierra que empieza varios kilómetros al sur, en Areão. A pesar de estar situada más hacia el interior, junto a uno de los brazos de la ría, Ílhavo es una ciudad ligada al mar, cuya población desempeñó un papel importante en la pesca del bacalao en los mares de hielo de Terranova. Los recuerdos de esta historia de siglos se encuentran bien plasmados en el Museo Marítimo de Ílhavo y en la gastronomía local.

En una imagen única de comunión entre la tierra y el mar, la ría, cuyos brazos se extienden por entre la casas en numerosos canales, invade Aveiro. Si atravesamos la ría en barco, llegamos rápidamente a la Reserva Natural de las Dunas de São Jacinto, una gran superficie a lo largo de la costa. En un perfecto estado de conservación, este es un espacio privilegiado para la observación de la naturaleza, sobre todo de las aves acuáticas que aquí se refugian y anidan. Su otro gran atractivo es la playa de São Jacinto, casi salvaje con un interminable arenal.

De Torreira a Esmoriz
Al norte, la playa de Torreira también se encuentra en el cordón litoral que separa la ría del mar, un arenal que se extiende, ininterrumpidamente, a lo largo de 25 km desde la playa de São Jacinto y continúa hasta la playa de Furadouro. Aquí, quien desee disfrutar de la playa y practicar deportes acuáticos siempre tiene la posibilidad de elegir: de un lado el mar, agitado, excelente para la práctica del surf y, del otro, las aguas de la ría, más tranquilas, ideales para la vela o el windsurf. 

Merece la pena desviarse hasta Ovar, a unos kilómetros hacia el interior, solo por su famoso bizcocho pão-de-ló, que complementa a la perfección la gastronomía regional en la que el pescado ocupa un lugar destacado. En este conjunto de playas, que también incluye al norte Cortegaça y Esmoriz, todavía se conservan las tradiciones de la pesca artesanal que, a la mesa, se transforma en deliciosos platos, como las típicas anguilas en escabeche o en caldereta y muchas otras formas de saborear el pescado fresco. Una oportunidad que no debe perderse cuando se pasea por el litoral.


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