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Parques y reservas naturales

Parque Natural da Arrábida
Lugar Serra da Arrábia

A lo largo del país podemos encontrar lugares de una belleza todavía virgen, poblados por una gran variedad de especies de fauna y flora, en los que hombre y naturaleza conviven en perfecta armonía. Muchas de estas zonas, que se encuentran protegidas para que mantengan su biodiversidad, están catalogadas como parques y reservas naturales.

De entre todas ellas destaca Peneda-Gerês, la única catalogada como parque nacional. Se encuentra situada en el noroeste de Portugal y cuenta con deslumbrantes paisajes entre montañas y presas en las que se crían especies únicas como el caballo salvaje garrano o el perro de Castro Laboreiro. Aquí, al igual que en el Parque de Montesinho, se mantiene el modo de vida rural, con aldeas comunitarias en las que su gente comparte tareas y equipamientos.

Un poco más abajo, en el Parque Natural de Alvão, los ríos discurren entre rocas y peñascos, con espectaculares cascadas como las de Fisgas de Ermelo. Al este, el río que sirve de frontera con España da nombre a otro parque, el Douro internacional, cuyos profundos valles forman desfiladeros en los que anidan aves de rapiña como el alimoche. Muy cerca se encuentra otra zona protegida, la Albufeira do Azibo, que también resulta ideal para la observación de aves y para pasar unos momentos de ocio en sus playas fluviales.

Pero si prefiere el estimulante mar, en el Parque Natural del Litoral Norte encontrará una sucesión de playas y dunas que rivalizan con la Reserva Natural de las Dunas de São Jacinto, en el que también encontramos muchas aves acuáticas. En esta región, el Centro de Portugal, hay otros parques que no se debe perder. El mayor es el de la sierra de la Estrela, de imponentes macizos en los que se sitúa el punto más alto de Portugal continental. Entre laderas y lagunas, ofrece múltiples propuestas para las más variadas actividades deportivas, tanto estivales como de invierno. Rutas a pie y en bicicleta, escalada y piragüismo son algunas de las posibilidades que también se encontrará en el Tajo internacional, en el cual anidan más de 154 especies de aves, entre las que destaca la cigüeña negra. En la sierra de Malcata se esconde el lince ibérico y en la sierra de Açor, entre la frondosa vegetación característica de estas serranías, hay aldeas que recuerdan un belén por la disposición de sus casas de esquisto y pizarra.

En los paúles de Arzila y de Boquilobo reinan las aves acuáticas entre las que destacan las garzas: la imperial en el primero y la blanca en el segundo. En la Reserva Natural de las Berlengas, un pequeño archipiélago en estado casi salvaje, solo las omnipresentes gaviotas rompen la tranquilidad más absoluta. Y en las sierras de Aire y Candeeiros, cuyo interior esconde grutas con sorprendentes formaciones, viven murciélagos de las más diversas especies.

Cerca de Lisboa, a la orilla del mar, se encuentran otros dos parques naturales de belleza deslumbrante: Sintra-Cascais, con playas y vegetación exuberantes, en las que se integran armoniosamente fincas y palacios, y Arrábida, una armonía de colores, en las que la sierra, con su verde manto, alterna con los acantilados de caliza blanquecina y los innumerables tonos azulados del océano. En el acantilado fósil de Costa de Caparica, las escarpas esculpidas por la erosión adoptan tonos dorados, especialmente durante la puesta de sol. Y en los estuarios de los ríos, la fauna nos regala las imágenes más espectaculares, tanto en el Tajo, con los flamencos de plumaje rosado, como en el Sado, con los delfines y las cigüeñas blancas. Más al sur, las lagunas de Santo André y de Sancha también cuentan con un variado conjunto de ecosistemas.

En el Alentejo destaca la sierra de São Mamede, cuya altitud y vegetación son poco habituales en esta zona del país, y, al oeste, el centro de atención es el Parque Natural del Sudoeste Alentejano y Costa Vicentina, uno de los tramos de costa mejor conservados de Europa. En el Parque Natural del Valle del Guadiana, el río transcurre a veces entre estrechas orillas para, más al sur, en el Algarve, explayarse por esteros y canales en la planicie de las marismas de Castro Marim y Vila Real de Santo António. Ria Formosa se extiende a lo largo de 60 km en un laberinto de canales, marismas e islas que sirven de barrera con el mar, y gracias a los cuales el este del Algarve nos regala un paisaje de extraordinaria belleza.

¡Y en mitad del Atlántico aún hay más! En Madeira, el parque natural ocupa dos tercios de la isla y se prolonga por el océano. Desde las reservas naturales de las islas Selvagens y Desertas, a Garajau, Rocha do Navio y Ponta de São Lourenço, muchas son las zonas protegidas. Lo mismo sucede en las Azores, en las que cada una de las nueve islas cuenta con un parque natural con diversas reservas y zonas protegidas en las que los paisajes permanecen en estado puro. Así es la naturaleza que Portugal podemos escoger como compañera de viaje para disfrutar de momentos inolvidables.


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