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Geoparque Naturtejo

Barragem do Cabril
Lugar Oleiros
Foto: Maurício Abreu
Photo: Maurício Abreu

Para no perderse
  • seguir los geotrails y admirar los icnofósiles de Penha Garcia y las Portas de Ródão
  • intentar distinguir las 154 especies de aves que se encuentran en esta región
  • dar un paseo en barco por el río Tajo
  • probar un tratamiento de bienestar en las termas de Monfortinho
  • traerse embutidos, quesos, miel y aceite comprados directamente al productor

En el interior del país, donde el río Tajo pasa a ser portugués, se encuentra un territorio conservado en el que la gente vive al ritmo de la naturaleza y parece disponer de todo el tiempo del mundo para compartir con los demás sus historias y conocimientos. 

Aquí se encuentra el Geopark Naturtejo de la Meseta Meridional, que abarca los municipios de Castelo Branco, Idanha-a-Nova, Nisa, Oleiros, Penamacor, Proença-a-Nova y Vila Velha de Rodão. En este espacio se encuentran 17 monumentos geológicos cuya importancia ha reconocido la UNESCO, como las imponentes Portas de Ródão, que comprimen el recorrido del mayor río de la Península Ibérica, o los icnofósiles de Penha Garcia, cuyas curiosas formaciones resultan sorprendentes. 

Pero estas tierras en las que se encuentra el Parque Natural del Tajo Internacional tienen mucho más que enseñar. Nada más llegar notamos el olor a pino, romero y alecrín que se desprende de la vegetación, en la que se esconden conejos, venados y zorros que desaparecen raudos al notar nuestra presencia. 

Si prestamos más atención conseguimos descubrir los coloridos abejarucos posados sobre las ramas de los árboles o los ruiseñores y las abubillas en pleno duelo de cantos. Las cigüeñas negras vuelan más alto y pasan allí la temporada entre febrero y agosto. Las águilas imperiales y los buitres viven en colonias y les gusta posarse en los peñascos de los ríos, desde donde pueden disfrutar de la mejor vista sobre el paisaje. El Geoparque organiza recorridos para la observación de aves en los que podemos apreciar toda la diversidad de estos parajes que está compuesta por unas 154 especies.

La huella del pasado está bien presente. Se encuentra en tesoros arqueológicos como el complejo de arte rupestre del río Tajo o las ruinas de Egitania. Y también en las aldeas históricas de Monsanto e Idanha-a-Velha, o en los templos religiosos que todos los años reciben animadas romerías

Y también podemos combinar estas visitas con algo de ejercicio. La oferta de actividades es muy variada e incluye paseos a pie, a caballo o en bicicleta de montaña, escalada o piragüismo. Para recuperar las fuerzas nada como unos momentos de ocio en las playas fluviales respirando el aire puro y los aromas del campo, o una pausa más larga en las Termas de Monfortinho o de Nisa.

Pero la gran riqueza de la región es su gente. Gente hospitalaria, a la que le encanta recibir a los forasteros con deliciosos manjares como los quesos de intenso aroma o el cabrito y el pescado de río cocinados según recetas ancestrales. Su hábil trabajo también queda reflejado en la artesanía: los bordados de Castelo Branco o las cerámicas de Nisa son piezas que podemos traernos para recordar estas tierras hasta que volvamos. Y volveremos, seguramente, porque como se suele decir en la región, “quien viene, vuelve siempre”.



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